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lunes, 14 de junio de 2010

¿Por qué la falta de sueño aumenta el apetito?

Un equipo de biólogos estadounidenses ha logradoaislar genes que regulan el conflicto sueño-hambre. El hallazgo, que aparece publicado en el último número de Current Biology, arroja luz sobrecómo escoge el cerebro entre distintas conductas claves para la supervivencia.

Estudios anteriores mostraban que los sistemas neuronales que controlan el sueño y la alimentación en los mamíferos están interconectados, de modo que la falta de sueño hace que tengamos ganas de comer y el hambre quita las ganas de dormir. Sin embargo, se sabía poco sobre los genes y bases neuronales de esta interacción.

Para encontrar una explicación, investigadores de la Universidad de Nueva York y de la Universidad de Massachusetts examinaron a la mosca de la fruta Drosophila melanogaster, que cuenta con genes similares a los de los mamíferos para controlar el sueño, la vigilia y el metabolismo. En primer lugar, los científicos determinaron que en las moscas la privación de alimento les producía insomnio, lo que significa que la falta de comida afecta sus conductas de sueño del mismo modo en que lo hace sobre el sueño de los mamíferos.

Tras realizar un 'screening' inicial de 2.000 genes, identificaron cerca de 12 genes implicados en la interacción entre alimentación y sueño. Entre esta docena de genes, eligieron dos -Clock (Clk) y cycle (cyc)- que juegan un papel en la regulación del reloj biológico de las moscas de la fruta y que están también presentes en los mamíferos. Examinando a moscas de la fruta con y sin los genes Clk y cyc en condiciones de privación de alimento, demostraron que las moscas hambrientas que no tenían ambos genes dormían tres o cuatro veces menos, en comparación con aquellas que sí poseían estos genes. Así, los resultados demostraron que los genes ayudaban a conciliar el sueño en condiciones de privación de la alimentación.
"Sabemos que el cerebro está conectado para realizar más de dos acciones a la vez, pero era menos evidente el rol que los diferentes genes jugaban en estas acciones", ha explicado Alex Keene, autor principal del estudio.

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